10.11.09

Ilusiones y caprichos

Estabamos embarcados en una de esas labores tan dominicales como leer la revista de domingo de los diarios - cada uno la de una cabecera. La que yo tomé tenía un especial de vestidos de novia y me apresuré a llegar a ellos. Suspiré. "Es que los vestidos de novia... me gustan tanto...".

Primero me miró con desconfianza. Sólo me miró. Y luego dijo: "seguro lo estás diciendo en un tono sarcástico, ¿verdad?".

Tuve que explicarle que no había sarcasmo. Que, en honestidad total, a mi me encantan los anillos de pedida y los vestidos de novia. Que me parece un plan de lo más divertido ir a inventarme una historia de boda inminente para probármelos todos en una de esas inmaculadas tiendas de las grandes avenidas.

También tuve que detallar que no había razón para entrar en pánico: no es que quiera un vestido de novia por aquello de casarme y prometer amor eterno. Es que bueno, al pedacito de Cenicienta que todavía vive en mí, le siguen encantando - aunque sea para verlos de lejos - los vestidos de princesa.

2.11.09

5x5: Salamanca

1. Vista
- Las paredes de los edificios del centro, que se ven dorados con la luz artificial o con el sol directo
- El agua del río tan brillante que refleja los árboles alrededor
- Los pequeños detalles escondidos en la cantera de la Universidad (sí, la famosa rana) y la Catedral Nueva (el astronauta)
- La iglesia de San Martín, de planta redonda e interior de basilica
- La Plaza Mayor, tomada por un montón de libreros haciendo su feria del libro

2. Olfato
- Las manzanas verdes que ponían sobre la mesa de noche en mi hotel
- El olor característico de la carne de cerdo guisándose en todos lados entre las dos y las cuatro y media de la tarde y las ocho y las diez de la noche
- El cigarro, tan omnipresente en todos los bares con excepción del de la Universidad
- Mi perfume en alguien sentado enfrente de mí
- El pescado en el mercado que estaba enfrente de mi hotel

3. Gusto
- Los potajes y las sopas consistentes de todos los días, servidas tan calientes que quemaban la lengua
- Un pincho de pimiento relleno de tortilla acompañado de un vino Rueda fresquito por dos euros
- Café con cacaolat en el hotel en las mañanas
- Mousse de yogurt en un restaurant de menú donde comí dos días
- Agua del grifo en el bar, después de tomarme tres whiskies, mientras me deshidrataba bailando

4. Oído
- La voz de la guía recordando a Fray Luis de León: "Como decíamos ayer..."
- Los merolicos borrachos que gritan que "tienen hambre", regodeándose en la acústica de la ciudad
- Una gringa cantando "Bésame Mucho" con un conferenciante borracho a media cuadra del Palacio de Maldonado
- Un señor que vendía boletos de la Once, en calle Toro, gritando el número que terminaba el ocho. Le compré un pedacito y sacamos el reintegro.
- Los acentos - los mexicanos que se burlaban de mi acento "español" y los españoles que descubrían mis mexicanismos

5. Tacto
- Las pequeñas florecitas de los dientes de león en los parques
- Las sábanas frescas y un poco rugosas de mi hotel
- La manera en cómo el bolígrafo se deslizaba sobre el papel mientras tomaba notas
- El interior de los bolsillos de mi chaqueta, donde guardaba mis manos por el frío
- El ligerísimo relieve de los vítores sobre las paredes del Instituto y la Universidad
-

Sobrepolitizada - porque sí quiero una consulta sobre la independencia catalana

Me pasé la semana pasada en un Congreso de Estudios Electorales. Las palabras "encuesta", "percepción", "abstencionismo" y "concurrentes" - entre otras - me persiguen entre sueños como si fueran mosquitos. La verdad es que no he logrado desconectar del todo. Y me da gusto - eso me da aunque sea la esperanza de que algún día volveré a lo que me falta de la tesis.

Justo en este contexto, me encuentro con un montón de encuestas como electorales en tiempo no de elecciones sino de escándalos. Decirles, queridos lectores de allende el mar, que acá los queridos muchachos están descubriendo corruptelas una tras otra. Y se da den manazos y ya no saben ni cómo comportarse... pasa lo que pasa.

Entre las ochentamil encuestas - de intención de voto, de quién cree uno que era el origen de Cristóbal Colón (verídica, ver aquí) o las predicciones de ganancias del Barza, uno tiene la impresión de que igual las encuestas son a los adultos lo que los chismógrafos son a los alumnos de secundaria: todo lo que querías decirme pero no te atreves en un papel.

Entre la ola de encuestas, hoy leí una en la que se afirma que una mayoría del 53% de los habitantes de Catalunya estaría a favor de que hubiera una consulta sobre una posible independiencia, aunque sólo un 35% votaría a favor de la separación entre el estado. A mí lo que me entusiasma es que la gente vea la democracia como un instrumento de consulta propio, en el que puede salir a la calle, opinar, decir, de manera clara, lo que le gustaría. No estoy en contra de la democracia representativa, para nada, pero a veces me parece que estaría bueno preguntar a la generalidad en serio, para dejarnos de arengas sobre lo que podría ser o lo que dicen las encuestas.

Claro que, por ejemplo, esta encuesta puede ser una falsa y que nadie nunca quiera ir a votar. Pero con el famoso descrédito a los políticos, creo que sería más fácil y atractivo para la gente votar o elegir entre ideas que entre sonrisas colgate.

Ya, estoy sumamente densa e imposible. Lo siento.

Ah, por cierto: me gané un reintegro en la lotería. Seguiremos jugando a ver qué más toca. Capaz de que así se me olvida todo este asunto tan democrático.

25.10.09

Uso racional de los recursos

"No te podrías creer lo feliz que soy". La llamé (por Messenger) para felicitarla de su cumpleaños. Entre otras cosas, me comenzó a contar la historia de su nuevo novio - que por fin parecía que algo funcionaba. "Vamos de paseo, salimos juntos, me llevó a conocer a su familia... nos queremos mucho... y yo no reviso su Facebook, porque no me quiero enterar de lo que le escribe la gente. Prefiero creerme lo que me dice".

- * - * -

Vino a visitarme a casa después de un par de meses de no vernos. Cerveza de por medio, comenzó a contarme la historia del fin de una relación que hasta hacia poco parecía no tenerlo. Después de hablar con él, él le dijo que bueno, que no se comprometía porque, bueno, seguía enganchado de su ex. Que en realidad nunca había querido nada con ella. Esta se va a casa, sufre un poquito y lo deja pasar (estaba lista para dejarlo pasar). Al otro día, como parte de la limpieza, lo bloquea del Facebook. Y el señorcito, a las semanas, le reclama: "qué mal rollo, ¿no? que me borres de tu Facebook.... ¿Pues qué ya no te caigo bien?".

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Hay gente de la cual su Facebook me da una curiosidad insana que sé podría satisfacer a cambio de un poquito de dignidad. Lo bueno es que sigo siendo rabiosamente digna. Y uno no tiene siempre que ver todo ni exponer todo. Aquí también se vale aquello de que "la curiosidad mató al gato".

21.10.09

Lo contemporáneo y lo que llamamos arte

Últimamente, la verdad, incluso he exagerado un poco. Además del atracón de exposiciones que me dí en la Biennale regresé a Barcelona y comencé a encontrarme, como siempre, diez mil cosas que hacer. El colmo fue hace dos semanas cuando de lunes a jueves tuve un compromiso "artístico" - uno de los cuales incluso me hizo salirme antes de la Escuela.

Lo hice porque tenía unas cortesías para ir al Teatro - para más señas, al Nacional de Catalunya, una pesadilla post-post modernista ideada por Bofill. Había el estreno de un texto de Yasmina Reza que, por lo general, me gusta bastante. Mientras iba de camino, entre el Teatro y la estación de Metro Gloriès, encontré un enorme baldío en donde no debía haber nada pero alguien había tirado muchas cosas. Al principio pensé que era sólo basura, pero luego me dí cuenta que había zapatos en buen estado, discos, bolsos, fotografías, juguetes de niños, ropa, unos cuadernos... y no pude preguntarme de qué eran resultado: ¿de un robo? ¿de un divorcio? ¿de un deshaucio? ¿de un artista de esos contemporáneos que quieren descontextualizar los objetos para transmitir ciertas sensaciones?

Soledad y desconsuelo, sentí. Y una cierta intuición de que, en un par de meses, podía acabar viendo fotografías de eso en uno de esos museos a los que tanto me gusta ir.

Sobre la obra de teatro sólo puedo decir que me reí a ratos - sobre todo cuando entendí el título de "Una Comedia Española": todos los personajes eran tan esperpénticos y gritaban como en una vieja peli de Almodóvar. Así que supongo que su título hacia referencia a "Átame" o algo así. Fuera de eso, ni le encontré lo de comedia, ni lo de española.

20.10.09

Lo peor de todo

Tengo dos millones de muletillas - al hablar y al escribir. Mis profesores de expresión oral lograron domar el "este" pero se les escapó una que me acompaña constamente, sobre todo en los momentos menos lúcidos de mi vida: "y es que lo peor de todo...".

Lo peor de todo parece ser todo, por lo mucho que repito la frasecita. Ya me lo han dicho varias veces - incluso alguna vez me ganó alguna charla pseudo espiritual sobre esta manera taaaaan negativa que tengo de ver la vida, que seguramente me traerá muchos problemas.

En fin que hoy, para variar, la utilicé bien. Comí con una amiga que me contó que, con la excusa de la crisis, su jefe está desmantelando la empresa. Cierto, no tienen muchos más clientes, pero no tan pocos como para ir despidiendo a la gran mayoría del personal. Desarmó un equipo que funcionaba bien y ahora están bajo mínimos. La excusa parecía ser que el gestor le dijo que si facturaba lo mismo con menos costos seguramente podría pasar la mala racha.

Ya. La pregunta es cuáles son costos de oportunidad y no. Si puedes dar el mismo servicio con una cuarta parte de la gente que tenías. Si puedes mantener la moral de tu equipo a pesar de tanto cambio. Si te creen algo. Y estuvimos así, discutiendo durante mucho tiempo. Hasta que de pronto, lo dije: "¿sabes qué es lo peor de todo? Que aunque todo se arregle y vuelvan a estar bien, el mejor momento ya pasó. Eso que tuvieron, por lo que te gustaba trabajar ahí, ya no volverá".

Mi nueva profesión es la de ave de mal aguero.

18.10.09

Limpieza

Buscaba el significado de la palabra "lustro" - esa, la sinónimo de "quinquenio". Dice la Real Academia que viene del latín lustrum, de limpio y puro. Que significa cinco años. Cinco.

Me gustan los aniversarios - las fechas. Eso tiene un problema: también me persiguen los aniversarios, fechas, cumpleaños... Se sientan a mi sala en plan de "¿Qué? ¿Ya no piensas celebrar?". Y entonces ayer hizo cinco años que hicimos escala en Londres y después de horas y horas de vuelo llegamos a Barcelona, al que sería nuestro piso. No me acuerdo si venimos en taxi o cómo. No me acuerdo a qué hora llegamos. Recuerdo que dormí más de doce horas en aquella recámara increíblemente oscura. Y que cuando ví la primera cucaracha pensé: "Bueno, no es tan grave... en ocho meses regresaremos a casa".

Los ocho meses se convirtieron en cinco años. Ya no vivo en aquel piso. Considero que tengo un par de patrias ahora. La casa a la que iba a regresar ya no es mía. Ya no somos nosotros - esos, los que mañana hace siete años se habían prometido "para toda la vida".

Las cosas cambian. Todo cambia. Es bueno acordarse, tenerlo en cuenta: por eso somos quien somos. Diría la Venegas: "y todo lo que ya viví lo sigo cargando/lo llevo muy dentro de mí, nunca lo he olvidado/lo siento tan cerca de aquí/lo llevo muy dentro de mí".

Lo bueno es acordarse de hacer limpieza. Buscarse en las fotografías y ya no encontrarse en la mirada... quizá un poco en el gesto. Comenzar otra vez. Reaprender a conjugar y a utilizar los adverbios de tiempo y lugar: ensayar otro "nosotros", "mi casa", "mi sitio".